La inventiva y creatividad que posee el ser humano no deja de asombrarnos. Su facilidad para crear situaciones o acomodar a su gusto episodios de su existencia terrenal nos garantiza, por muchos siglos más, la presencia del hombre sobre la tierra, y no me estoy refiriendo a los avances tecnológicos, pues es un tema previsible.
Lo que quiero comentar es la decisión tomada por el Comité Nobel al otorgarle el Premio Nobel de la Paz a Barack Obama y no precisamente por sus logros sino por lo que va a hacer en el futuro. La Academia Nobel se ha convertido en una especie de financiera que no presta dinero, más bien otorga confianza, optimismo y credibilidad todo al crédito. ¿Qué pensaría Ud., amigo lector, si alguien se le acerca ofreciéndole en venta una docena de huevos al precio de 12 gallinas gordas?. Ud. pensaría que le están tomando el pelo o es víctima de una broma.
Con este precedente cualquier alumno de primer año de universidad podría exigir su diploma de graduación por anticipado a condición de prometer esforzarse para culminar sus estudios.
Sarcasmos aparte, la verdad es que es insólito que se le otorgue el ahora devaluado galardón a un hombre cuyo único mérito es ser Presidente de Estados Unidos, en cambio tiene el demérito de mantener tropas en Irak y Afganistán y no precisamente construyendo la paz.
Y ahora comentaremos una noticia que viene desde la región de Gaza en Palestina y que he recogido del Diario El Comercio, de Perú, y da cuenta de una situación pintoresca ocurrida en el zoológico de esa ciudad. El administrador del zoológico local, al tener dificultades económicas y logísticas para reemplazar ejemplares muertos durante el bombardeo israelí a Palestina, no tuvo mejor idea que pintar a unos burros convirtiéndolos en cebras. Tal parece que los resultados fueron más o menos óptimos pues el público puede observar a las "cebras" en acción, aunque sean falsas.
Esta noticia me trae a colación un hecho que sucede periódicamente en la política peruana. En efecto, los partidos políticos peruanos, ante la escasez de gente decente entre sus filas, disfraza a pillos de siete suelas como si fueran ciudadanos honrados y los coloca en nuestro pobre congreso.
A diferencia de los ejemplares que se encuentran en el zoológico palestino, los que están en el parlamento peruano continuamente rebuznan.
Alpha-Alberto
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sábado, 10 de octubre de 2009
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